Aquella noche estabamos en la suite 69 del hotel La Vagine Blonde de París, solos Tamar y yo. Tamar era una vedette que conicí aquella misma noche en el teatro del hotel. Los dos ibamos borrachos y no me acuerdo de mucho, lo veo todo borroso. Ella estaba en la cama, entre sábanas y cojines rojos, con las piernas en forma de V invertida. Yo, me lanzé apasionadamente ante sus encantos trenzados, cuando, de repente, algo largo y viscoso surgió de entre las curvas. Ahora se habia girado la tortilla, y, con ella, yo tambien. Era yo ahora quien, estirado en la cama, con la boca hacia abajo, sentía mágicos retortijones por las partes bajas de mi espalda. Esa morcilla resbalava tan viscosamente, y estaba tan dura que parecía de plástico. Y, de hecho, lo era. Era una polla de plastico de la marca Vidal. Me asusté tanto que, sin querer, salté de la cama y Tamar quedó estirada patas arriba en el suelo. Poseía un escurridizo ganchillo marrón y en forma de espiral, dotada de una punta luminosa. Ya no sentía placer alguno, más que el anal, pues el pene postizo se quedó atascado en mi ano. ¿Cómo solucionar tan complicada situacuion? Una fuerte ventolencia fue la solucion. Pero en ese mismo instante, el asistente del hotel entró por la puerta de la suite y, el pene postizo quedó incrustado en su grasienta cara sin pelo. Quedaba a juego con el bigote, pensé. Y, sin pensarlo dos veces, exclamé:
- ¡Cara de pene seco! -
Él, obviamente, no respondió, pues tenia la boca paralizada.
- Continuará....
NOTA: Esto es una historia ficticia, coincidencias con la realidad son falsas.
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